sábado, 7 de abril de 2012

Tú tienes la llave





Antonio Galdeano Benítez, Málaga, 28 años, más conocido como Apoño. Caracterizado por su técnica y su gran visión para la lectura de partidos, sin un hueco en el Málaga de Al-Thani y eclipsado por el nivel de Jérémy Toulalan y por la poca confianza depositada en él del técnico chileno, aterrizó en la capital del Ebro con un objetivo, ser la llave y la luz que abriera e iluminara el camino para la milagrosa salvación del Real Zaragoza.

“Es un reto muy bonito poder ayudar al Real Zaragoza, es un buen equipo. Vengo dispuesto a darlo todo en el campo”.

El Real Zaragoza, angustiado por una primera vuelta terrorífica en la que destacó la faltad de ideas y una inexistente identidad como “equipo”, encontró en Apoño el antídoto perfecto a su cura. Él, que se definía como un futbolista con carácter que siempre intenta dejarlo todo en el terreno de juego, debía ser, además, el pan de vida y el cáliz de salvación. Vida aportaría con su movilidad en la zona de mediocentro, ya que uno de sus máximos exponentes es la creación, y con frecuentes llegadas al área contraria, y salvación, si todo esto se cumple.
Nada más llegar, Manolo Jiménez le leyó los mandamientos por los cuales se rige “Caesaraugusta” y le trató de inculcar en la cabeza que esto era una batalla más añadida a las mil y una en las que el técnico andaluz estaba curtido. Porque Manolo lo sabía, él tenía el agua vital para que el tallo, mustio, se pusiera de pie y bien tieso.

“Me ha costado que entiendan que los centrocampistas deben pisar el área y ya lo están haciendo Apoño, Micael, Dujmovic, Pintér... Esa aportación extra nos daría muchos puntos. “









Los primeros partidos del malagueño fueron bastante mediocres, debido a que Manolo le acostaba demasiado a los flancos, lugar donde el jugador no se sentía del todo a gusto. Además, los resultados no acompañaban, lo que iba minando la moral poco a poco. Pero poco a poco fue cambiando la cosa, la grada empujaba y animaba a los suyos, deseosa de que consiguieran algún resultado que valiese la pena. También, el fruto de esos cambios se debió a que Antonio se empezó a encontrar con la pelota, su gran aliada. Fue dejando los interiores para empezar a formar parte del doble pivote, o la mediapunta, en el ya conocido 4-2-3-1 del esquema del andaluz Manolo Jiménez.

"Si somos capaces de enlazar buenos resultados, nos vamos a meter otra vez en la pelea por la permanencia"


De eso se dio cuenta Antonio. Él debía ser el Gabi del año pasado, él debía devolver al león a la sabana a la que pertenece, él debía tirar de su experiencia para enfundarse la camiseta y echarse el equipo a la espalda pesase lo que pesase para que su nombre se recuerde siempre en la capital de Aragón. Y a base de goles, orden en el campo y victorias, la situación fue cambiando. Antonio iba consiguiendo su reto y dándose cuenta de la grandeza del club en el que, momentáneamente, militaba.


“Apoño devuelve la vida al Real Zaragoza”
“Apoño da la victoria al Zaragoza mantiene vivo el sueño de la permanencia”
Titulares como estos tintaban los periódicos nacionales, e incluso internacionales, cada vez que el equipo del “23” lograba ganar una de sus particulares guerras. Además, el jugador tenía el apoyo de su instructor, el Sr. Jiménez.

"Si Apoño mete tres goles más, nos salvaremos"





Antonio Galdeano por fin es consciente del “lío” en el que se ha metido, y de él no quiere salir con la cabeza baja. Él ha venido para hacer algo grande y no se irá sin lograr su reto. Ha conseguido recuperar la sonrisa de una ciudad que andaba con la cabeza “gacha” y ha logrado que equipo y afición sean un todo. Apoño, por ti pasa la salvación, gracias por lo que nos has dado. Te pedimos que esto sea el principio de un final feliz porque… tú tienes la llave.



Artículo escrito por Álvaro Francés.

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