Cada equipo tiene su líder, su estandarte, su héroe. Se
caracterizan por tener una elevada edad pero sumada a una gran y cualificada
experiencia. Si el partido se antoja
duro, no dudes en alinearlos. Di Matteo ya nos mostró el camino y el Levante ha
hecho algo parecido este año en la maratón de la liga: han basado su fuerza en
la edad y en el empeño. Y el empeño solo lo muestra una trabajada edad. Gente
como Ballesteros, Drogba, Barkero o Terry, son gente que tiene sus camisetas
repletas de sangre, sudor y lágrimas, y eso vale millones.
El caso de Italia es muy similar, prácticamente parecido. Ha
sido una selección cuya magia y cuya grandeza se ha basado en las figuras
curtidas por los años. Era el caso de Gattuso, Inzagui, Totti y Del Piero,
jugadores que han luchado por su camiseta hasta que les han dicho de cesar,
porque ellos seguirían sin descanso.
Pero no solo de Italia, selecciones como Ucrania o Grecia
nos están deparando momentos de gran emoción. ¿Y por qué? Su pilar y su legado
están basados en jugadores de alta edad. Esos jugadores que anteponen su
camiseta a su vida y que son legendarios.
La co-anfitriona Ucrania ya ha dejado atisbos de fortaleza.
Podríamos decir que las hemos visto en la rapidez y velocidad de sus bandas con
Konoplyanka y Yarmolenko, pero estos jugadores no brillarían tanto si delante
de ellos no estuviera esa mítica figura de Shevchenko, héroe y dueño de la
afición del país del este.
Por otro lado, la ganadora en 2004, Grecia, ya ha mostrado
de un modo descarado donde radica el eje de su columna vertebral. Tiene nombre
y apellidos: Giorgos Karagounis. Treinta y cinco años pero en el campo se
multiplica. Hace su tarea y la de su par, organiza y manda. Es el dueño del
Panteón.
Pero el caso más significativo es Italia. Por dos motivos:
porque es el equipo que más líderes tiene dentro del campo y porque los ha mostrado
contra el vigente campeón del globo terráqueo.
Ante España, vigente campeona del mundo y rival a batir por
todas las selecciones del mundo, Cesare modificó su esquema favorito (4-3-1-2)
con vistas a tratar de cubrir más zonas del campo para hacerle más incómoda a
España sus infinitas posesiones y sacó el 3-5-2 conocido por el largo recorrido
de unos carrileros incansables. Pero además de ejercicios tácticos basados en
la presión y en el orden, cimentó sus líneas con emblemas y héroes.
A la defensa llevó a Daniele de Rossi para crear una barrera
como si de la formación tortuga de Astériz y Obélix se tratara. De Rossi marcó
la línea actuando de líbero y ordenó a sus compañeros Chiellini y Bonucci. Fue “il
capo” del escuadrón “azurro”.
En el centro del campo y con melena al viento, alineó al
centrocampista con mayor gusto por el balón que ha dado Italia en años: Andrea
Pirlo. Andrea partió de un contexto menos conocido para él. “Il metrónomo” es
más de tocar el balón, de girarse, de distribuir, de ver, de organizar. Este
partido era de organizar, pero no el balón, sino el equipo. Y lo hizo de
maravilla. Sobre su figura el centro del campo se orientó y de sus botas salió
una asistencia de otro planeta. Ahí es dónde se mueve él, pero, como ya hemos
dicho, no pudo dejar tantos recados como él hubiera deseado. El partido era más
físico que técnico.
La mágica asistencia con regate incluido fue para la tercera
y última figura: el gladiador Antonio Di Natale. No salió de inicio pero dejó un
desmarque velocísimo a la espalda de Piqué y una definición perfecta ante el
mejor meta del planeta. Eso es lo que dejó, lo que no habían hecho sus dos
compañeros en todo el partido. Además, a
Cesare, le soltó otro cuando el balón traspasaba la cal y el tanto se lo
apuntaba la selección azulona: “Cesare, los héroes, al Coliseo”.
Artículo escrito por Álvaro Francés.
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La esfera de cuero









