miércoles, 13 de junio de 2012

Los héroes, al Coliseo


Cada equipo tiene su líder, su estandarte, su héroe. Se caracterizan por tener una elevada edad pero sumada a una gran y cualificada experiencia.  Si el partido se antoja duro, no dudes en alinearlos. Di Matteo ya nos mostró el camino y el Levante ha hecho algo parecido este año en la maratón de la liga: han basado su fuerza en la edad y en el empeño. Y el empeño solo lo muestra una trabajada edad. Gente como Ballesteros, Drogba, Barkero o Terry, son gente que tiene sus camisetas repletas de sangre, sudor y lágrimas, y eso vale millones.



El caso de Italia es muy similar, prácticamente parecido. Ha sido una selección cuya magia y cuya grandeza se ha basado en las figuras curtidas por los años. Era el caso de Gattuso, Inzagui, Totti y Del Piero, jugadores que han luchado por su camiseta hasta que les han dicho de cesar, porque ellos seguirían sin descanso.

Pero no solo de Italia, selecciones como Ucrania o Grecia nos están deparando momentos de gran emoción. ¿Y por qué? Su pilar y su legado están basados en jugadores de alta edad. Esos jugadores que anteponen su camiseta a su vida y que son legendarios.

La co-anfitriona Ucrania ya ha dejado atisbos de fortaleza. Podríamos decir que las hemos visto en la rapidez y velocidad de sus bandas con Konoplyanka y Yarmolenko, pero estos jugadores no brillarían tanto si delante de ellos no estuviera esa mítica figura de Shevchenko, héroe y dueño de la afición del país del este.



Por otro lado, la ganadora en 2004, Grecia, ya ha mostrado de un modo descarado donde radica el eje de su columna vertebral. Tiene nombre y apellidos: Giorgos Karagounis. Treinta y cinco años pero en el campo se multiplica. Hace su tarea y la de su par, organiza y manda. Es el dueño del Panteón.



Pero el caso más significativo es Italia. Por dos motivos: porque es el equipo que más líderes tiene dentro del campo y porque los ha mostrado contra el vigente campeón del globo terráqueo.

Ante España, vigente campeona del mundo y rival a batir por todas las selecciones del mundo, Cesare modificó su esquema favorito (4-3-1-2) con vistas a tratar de cubrir más zonas del campo para hacerle más incómoda a España sus infinitas posesiones y sacó el 3-5-2 conocido por el largo recorrido de unos carrileros incansables. Pero además de ejercicios tácticos basados en la presión y en el orden, cimentó sus líneas con emblemas y héroes.

A la defensa llevó a Daniele de Rossi para crear una barrera como si de la formación tortuga de Astériz y Obélix se tratara. De Rossi marcó la línea actuando de líbero y ordenó a sus compañeros Chiellini y Bonucci. Fue “il capo” del escuadrón “azurro”.



En el centro del campo y con melena al viento, alineó al centrocampista con mayor gusto por el balón que ha dado Italia en años: Andrea Pirlo. Andrea partió de un contexto menos conocido para él. “Il metrónomo” es más de tocar el balón, de girarse, de distribuir, de ver, de organizar. Este partido era de organizar, pero no el balón, sino el equipo. Y lo hizo de maravilla. Sobre su figura el centro del campo se orientó y de sus botas salió una asistencia de otro planeta. Ahí es dónde se mueve él, pero, como ya hemos dicho, no pudo dejar tantos recados como él hubiera deseado. El partido era más físico que técnico.


La mágica asistencia con regate incluido fue para la tercera y última figura: el gladiador Antonio Di Natale. No salió de inicio pero dejó un desmarque velocísimo a la espalda de Piqué y una definición perfecta ante el mejor meta del planeta. Eso es lo que dejó, lo que no habían hecho sus dos compañeros en todo el partido. Además, a  Cesare, le soltó otro cuando el balón traspasaba la cal y el tanto se lo apuntaba la selección azulona: “Cesare, los héroes, al Coliseo”.




Artículo escrito por Álvaro Francés.






domingo, 10 de junio de 2012

Reescribir el pasado



Friedrich sacó de banda buscando el apoyo de su capitán Michel Ballack, pero este al anticiparse empujó a Marquitos Senna, lo que provocó que el árbitro pitara falta. Corría ya el segundo tercio del minuto treinta y uno. Los alemanes replegaron y reorganizaron filas tras la falta, mientras que los españoles se limitaron a orientarse de cara a la portería rival para sacar la citada falta a favor. Marcos Senna tocó en corto atrás para Puyol, quién abrió la banda para Capdevila, que acomodó el balón debajo de su bota con cierta parsimonia. Levantó los brazos airadamente en señal de protesta contra el árbitro cuando este mandó repetir el saque de falta. Joan puso el balón en marcha rápido y orientó hacia “el quitanieves” Senna, quien giró abrió para “el Tarzán de Camas”. Pisó el balón y retrocedió de nuevo para “el tiburón” que pasó rápido el cuero a Marchena. Carlos tenía mucho campo por delante y era el encargado español de adelantar la línea sacando el balón. Había presión pero la disimulaba con su entereza físico- psicológica. Xavi vino a recibir a la media luna del centro del campo. Cogió el esférico como si Daniel Barenboim cogiera la batuta al son de la mismísima marcha Radetzky. La pausa le define y no se apresuró con el balón. Adelantó para el ofrecimiento de David Jiménez Silva, que devolvió sin apenas saborear el cuero de primeras para “el director”. La senda no se localizaba ahí y mandó en horizontal para Marchena, quién vio a Capdevila abierto y adelantado y mandó para él.



Ellos no sabían que tras dos pases se iba a escribir una de las más bellas historias de la nación española. La felicidad iba a copar su estado de ánimo, iban a ser eternos. Las líneas alemanas estaban muy juntas y formaban una especie de 4-2-3-1 con una basculación muy marcada. Schweini, en el dibujo, ocupaba el ala derecha pero tendía a recibir y jugar en el centro, mientras que Podolski se limitaba al flanco izquierdo plasmado en la pizarra. Por detrás, en el epicentro, se encontraban Frings y Hitzlsperger, quién hacía de pivote, y por delante Ballack. Joan recibió de nuevo el cuero en su posición natal y ante la salida de Friedrich, único lateral alemán que salía a la presión, decidió jugar al centro, de nuevo, con Marcos Senna. “Conguito” estaba solo, la línea alemana se había quedado un paso atrás, lo que provocó una recepción fácil del hispano- brasileño. La medular de Löw dio un paso adelante y Senna hizo que este paso fuera en falso cuando, en vertical, decidió resquebrajar toda la línea media de los blancos. Xavi recibió en su sitio, orientó con la izquierda, giró, levantó la cabeza y, ante la adelantada línea defensiva de Alemania, decidió mandar un balón entre líneas para la gran velocidad y el perfecto desmarque de nuestro Niño. Torres se coló entre Mertesacker y apuró a Lahm hasta el fondo.
Tras zafarse de él y ante la inminente salida de Lehmann, decidió que la bella historia se escribiera con la puntera y por encima. El balón sobrepasó a Jens y se encaminó a la portería entrando a una velocidad considerable. Torres se sacó el billete para la celebración en la banda y se apresuró. De camino se chupó el dedo pulgar. Toda España lo estaba celebrando, toda España rugía con “el Niño”. Se tiró al suelo y fue aclamado por todos sus compañeros. Brazos al alza en señal de fuerza y de celebración. Rabia contenida era expulsada por los integrantes de aquel humilde equipo que decidió ir paso a paso y sin grandes alardes. Confiando en su fútbol y en ellos mismos. Capitaneados por “el Sabio” Aragonés. Su mente elegía y decidía y ellos obedecían.




España había verticalizado el pase, Xavi había girado sobre sí mismo y había orientado de primeras a Torres, quién hizo lo que mejor sabe hacer: correr y generar un espacio.
Eso lo necesitamos hoy. Está claro que no ha sido el mejor año de Xavi ni mucho menos de Fernando. En uno los años hacen mella y en otro una obcecación y un miedo le impiden por completo ser ellos mismos. Xavi, necesitamos tus giros sobre tu eje, tus pases verticales rompiendo líneas, tu movimiento por delante del balón oxigenando espacios, tu control de la pelota y del tiempo sin apenas mirar el cuero. Fernando, necesitamos tu velocidad, tus movimientos de ruptura entre líneas, tu creación de espacios entre las defensas rivales.
Xavi, Fernando, necesitamos que reescribáis el pasado.


jueves, 24 de mayo de 2012

La última estampida


Ya el tiempo me ha dejado recordar todo lo acontecido. Ya el tiempo me ha dejado rememorar todo lo pasado exhaustivamente. Aquel día me levanté en Munich, inquieto pero con más fuerza en mis piernas que toda una manada de elefantes juntos. Era normal, muy normal, estaba a horas de jugar una final de la Champions League contra el todopoderoso Bayern München y encima en su estadio. Verán, conmigo especulaban en invierno. ¡Querían llevárseme a China! ¿Qué iba a hacer yo en China si son todos tan pequeños y yo tan grande? Lo remataría todo, demasiado fácil, a mí me gustan los retos. Sí, yo rindo bajo presión. Y si no se lo creen, que hagan una encuesta a los jugadores y entrenador del mejor equipo del mundo. Yo les amargué la eliminatoria, yo la peleé y yo obtuve mi premio. En la portería estaba Mister Petr con los guantes y el escudo preparado, cuatro en defensa comandados por mis amigos John y Ashley, cinco en el medio centro perfectamente alineados en torno a nuestro querido “Frankie” y arriba yo, solo ante el peligro, para pelear todo y contra todos. Cuando digo todos me refiero a Puyol, a Mascherano, o a Pique, que ya es bastante. Bien, como decía, me crezco ante la adversidad. Me mandaban pelotas, yo las bajaba con el pecho y me creaba la jugada. ¡Tuve que tirar hasta del centro del campo tras zafarme de Puyol y dos más como pude! Fue preciosa esa jugada.


Pero claro, esta eliminatoria tenía una sorpresa preparada para “la vieja guardia”. Frankie, Ash, John, Petr y yo, no podíamos culminar nuestras carreras sin una “orejona”. Nos conocen mundialmente y, ¿no vamos a ganar una orejona?, ¡venga, hombre! El sufrimiento está hecho para nosotros, y la gloria también. Somos históricos pero queremos ser eternos. Digamos que se nos recordaría, pero nosotros queremos un hueco en el Olimpo.

Frankie corrió más metros que los guepardos en busca de comida y saco el tiralíneas para que Ramires dibujara esa parábola con esa frialdad, Ash y Terry trabajaron a destajo como si de un muro se trataran y Petr se salió con paradas de ángel volador. A punto estuve de fastidiarle la eliminatoria con el penalti a Cesc, solo era para darle emoción. I promise. Mientras que yo, saque mi repertorio técnico, táctico y físico y me lucí. Me posicioné perfecto para ocupar yo solo una amplia zona del campo y luché a destajo para ganar todos los balones. Enchufé el primero tras una contra de libro en el partido de ida. En la vuelta, me dediqué a aguantar todo lo que se me venía encima, pero nada me hundió. ¡Hasta emulé a Ash jugando de lateral izquierdo!





Bien, como ya he dicho, estaba en Münich. Antes de salir al campo, John, que no podía jugar, me cogió por banda y mirándome fijamente a los ojos me dijo:

“Didi, tu eres el máximo goleador de la historia del Chelsea en esta competición. Eres demasiado grande como para irte de este club sin conquistar este máximo trofeo continental”. El discurso agresivo y serio unido a sus tajantes palabras hicieron que me pusiera más firme. Además, mi amigo Mou dijo que no llegaríamos a la final. Lo conseguí pero quería taparle la boca hasta el final. Las innumerables bajas que teníamos no nos hicieron decaer, todo lo contrario, motivación extra para dedicarles el título. Salí al campo con las manos atrás, el pecho fuera, la cabeza bien erguida y con las uñas afiladas más que nunca. Nuevamente, me tocó pelear a destajo y crear y desatascar todo el juego de nuestra transición ofensiva. Müller nos quiso amargar la noche hasta que yo decidí lanzar un atisbo de estampida (lo bueno estaba por llegar). Ash olvidó su espalda y Petr no se que hizo pero se le coló por arriba, ¡y mira que es grande! Pero para eso estamos el resto de “guardianes”, nos ayudamos entre todos.
 


Córner en el 89, eso o nada. Lo bota “el novato” Juanín, me escapó como quiero de Jeromê Boateng, Frankie intenta quitarme la posición y el remate, pero aparezco para rematar con la testa girando mi cuello noventa grados de un modo tan perfecto que perforó las manos de Neuer. Saludo de capitán general y me santiguo para dar gracias a Dios. Había marcado el empate a uno y eso nos llevaba a la prórroga. Nosotros estamos hechos para sufrir y nos da igual lo que venga por delante, el premio es más grande que todo eso. Todo siguió su curso, el poderoso equipo de Juup seguía con fuerza y nosotros manteníamos firme nuestro escudo. Llegó el momento decisivo, los penaltys. Todos disfrutaron de su turno, unos más y otros menos (a Schweinsteiger, Olic y a mi amigo Juanín se les atragantaron), y llegó el mío. 

No era un penalti cualquiera, si lo marcaba, hacía campeón a mi equipo. Yo tenía el poder en ese momento, tenía la sartén cogida por el mango. El corazón me palpitaba igual, no me aceleré ni un instante, estaba muy tranquilo. Cogí el gafado balón que había dejado Bastian y lo lleve con las dos manos hacia el punto fatídico. Pise el punto y deposité el balón. A continuación, agachado, me coloqué las medias y me levanté. Con las manos en la cintura y partiendo en línea con el balón, di tres pasos para atrás: derecha, izquierda, derecha; y me aproximé medio paso para adelante, al contrario que Proença, quién se echó para atrás dispuesto a pitar. El Allianz me miraba, Londres me miraba, toda Europa me miraba. ¡Tenía en mis manos el máximo trofeo del continente y el primero de la historia de mi equipo! Recordé las palabras de John. Estaba dispuesto. Expiré y saqué el aire mientras resoplaba.


El árbitro pitó y al instante di el primer paso con la derecha, deje la izquierda clavada para depositar todo el apoyo del disparo y ejecuté con toda la fuerza y precisión del mundo con mi derecha. A mi izquierda, a su derecha, él se tiró al revés: a mi derecha, a su izquierda. Fue perfecta para adentro. ¡¡Lo había logrado, éramos campeones!! Salí disparado a abrazar a Cech pero antes no faltó mi señal de la cruz, Dios forma parte de todo esto, y mi cara de incredulidad, no me lo creía. Agité la mano como diciendo: “Madre mía, ¿esto lo acabo de hacer yo?”. Sigo sin creérmelo, de hecho. En apenas cuatro segundos tenía a toda la plantilla, artífice del éxito, encima de mí, era el pan de debajo de un sándwich. Me levanté, recorrí todo el campo para descargar adrenalina mientras celebraba el triunfo con los aficionados, parte importantísima de este éxito. Cuando acabe, me fundí en un “tri-abrazo” con Terry y Frankie, fue enternecedor. La imagen fue espectacular, los tres cogidos por los hombros y mirándonos con la convicción que nos unía. Tras mi celebración, dediqué un rato a los que lo necesitaban. No fue para engrandecer mi imagen, que la engrandeció, sino porque me salió del corazón. Abracé a Bastian y Robben y charlé un rato con ellos por separado, necesitaban mi consuelo y no dudé en dárselo. Ellos son muy grandes y me lo agradecieron.


Ahora en frío, tras recordar todo, se me vienen escalofríos y se me pone la piel de gallina. ¿Lo mejor que me ha pasado en la vida? Si, sin duda. La vieja guardia nunca se rinde y lo demostró. La copa debía ser azul por un año. No hay mejor manera de llevar a cabo tu última estampida. 



Artículo escrito por Álvaro Francés.

sábado, 12 de mayo de 2012

Tan sólo 90






Tan sólo 90 minutos de ensalzar tus colores, de animar a tus jugadores, a aquellos que llevan todo el año peleando para satisfacer y alimentar tu felicidad.

Tan sólo 90 minutos donde, al final, las lágrimas pueden cobrar doble sentido: tristeza y alegría.

Tan sólo 90 minutos donde el balón corre deprisa y el tiempo lleva esa velocidad agobiante que hace que se corra a contrarreloj.

Tan sólo 90 minutos donde desearías, por el contrario, que el balón tuviera cloroformo para que esta competición tan bonita no cese ni un minuto.

Tan sólo 90 minutos donde desearías que se parara el tiempo y no salir de ese estado jamás. Un clímax proporcionado por este deporte rey y por esa competición reina.

Tan sólo 90 minutos para vivir todas aquellas cosas que sólo el fútbol consigue.

Tan sólo 90 minutos en los cuales el llanto y el éxtasis están casi rozándose.

Tan sólo 90 minutos de ver gambeteos, jugadas imposibles, toques infinitos o contras mortales y de libro.

Tan solo 90 minutos de disfrutar de los distintos estilos que cada entrenador poner al servicio del aficionado para que disfrute durante una hora y media.

Tan sólo 90 minutos donde resarcirte y desahogarte porque se avecinan 3 meses sin esta competición que tanto amamos.

Tan sólo 90 minutos para decidir quién se queda, quién nos abandona o quién aspira a jugar competiciones en el Olimpo europeo.

Tan sólo 90 minutos de ver a tu equipo en el estadio de tu ciudad, mientras, a la vez, escuchas la radio para ver si se dan las “carambolas” necesarias.

Tan sólo 90 minutos donde estudiar las estrategias, las jugadas tácticas, los movimientos, las situaciones o las formaciones de todos los equipos que nos hacen vibrar cada fin de semana.

Tan sólo 90 minutos donde es fútbol, fútbol y fútbol.

Tan sólo 90 minutos para despedir esta gran temporada 2011/2012 que tantas conclusiones y cosas preciosas nos ha dejado.

Tan sólo 90 minutos… tan solo 90.

Artículo escrito por Álvaro Francés.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Los efectos llevan a Bucarest


Efecto: Aquello que sigue por virtud de una causa.

Bucarest recibe hoy a dos equipos de efectos, basados en nuevos efectos que han afectado de un modo sistemático a su manera de jugar y afrontar los partidos. En la Catedral: efecto “loco” Bielsa. A orillas del Manzanares: efecto “Cholo” Simeone. Diego Pablo y Marcelo, dos maneras de ver el fútbol tan distintas pero tan basadas en el mismo axioma: la revolución. Sus llegadas a un club implican un cambio radical del sistema.

Marcelo llegó a una ciudad exigente como Bilbao donde en la gabarra empezaba a brotar el moho y cambió todo. Cambio el presente y el futuro de una ciudad enamorada por su equipo. Costó, se cuestionaron sus decisiones, pero tiene loca a la ciudad, y de sobras, metida en el bolsillo. Le veían como un loco, le ven como un sabio loco. Sus jugadores tenían el listón muy alto con Caparrós, pero él tiró de mimetismo y trató de poner el sello a un estilo que, de toda la vida, definía al Athletic: el juego de asociación. Al ya conocido estilo del pelotazo, lo transformó en pases cortos y precisos con apoyos constantes y ofrecimientos cuantiosos. El resultado: Estadio Nacional de Bucarest y Vicente Calderón. Tres títulos, dos finales.



Diego Pablo llegó a una ciudad sulfurada por la mala marcha de su equipo con Gregorio Manzano. El equipo no creo sintonía con el jienense y eso se plasmaba en la poca ambición que mostraban los rojiblancos en el césped. Era un equipo sin rumbo y sin espíritu. Y de espíritu entiende mucho “El Cholo”. De raza, de garra y de carácter sabe mucho Diego Pablo. Llegó como preferido de una afición que guardaba un gran recuerdo del argentino a su paso por el club como futbolista. Lo que le definía y entusiasmo tanto a la afición: su pasión por el escudo y por dejarse la vida por la camiseta. En el vestuario lo ha transmitido a la perfección, es uno más de ellos. Ahora el equipo está dotado de un carácter más competitivo y ambicioso, obra de Simeone. Tácticamente su mayor obra ha sido la mejora defensiva y la mejora a balón parado, tanto en ataque como en defensa. Además, en ataque, “El Cholo” es un gran estratega en las jugadas ensayadas. 





Como vemos, los efectos están patentes en ambos equipos, pero, ¿qué efecto podría ser más débil?

 En las defensas, ambos equipos cuentan con laterales de largo recorrido. Las incorporaciones por banda de Juanfran, Filipe, Aurtenetxe e Iraola ya son cotidianas. Descolgados en ataque ayudan a generar centros y espacios en caso de que la circulación de balón por el centro se atasque pero deben replegar y equilibrar sus subidas si no quieren que Muniain, Susaeta, Adrián o Arda ganen sus espaldas y generen peligro. Ahí, las coberturas de los medio centros serán fundamentales.  En cuanto a los centrales, mañana tendrán un duelo de altura. Falcao se verá las caras con Javi Martínez y Amorebieta, dos centrales altos y con gran salida de balón. El duelo a balón parado con Radamel va a ser bestial. Por no hablar de lo que van a sufrir Miranda, Godín o Domínguez (dos titulares) con el rey león Fernando Llorente. En el pamplonica se carga todo el ataque vasco. Deberán, como puedan, lidiar con su insultante poderío aéreo y su brutal juego de espaldas.





En el duelo del centro del campo, generalmente, se genera un tres para dos. Por un lado, Mario Súarez y Gabi. Por el otro, Ander y De Marcos con Iturraspe como base actuando de pivote defensivo. Fundamental la ayuda de Diego (mediapunta) en el repliegue. Si no se da, esa inferioridad puede hacer daño a los madrileños. Mario Súarez tendrá la importante labor de frenar las numerosas incorporaciones de De Marcos al ataque, que han generado tantos goles este año a los vascos. En el ataque madrileño, fundamentales las ayudas de Herrera y Oscar a Ander Iturraspe. Deben estar encima de Diego, de ahí sale el fútbol del Atlético de Madrid. De no taparle bien, cogerá la batuta y dirigirá el juego a su antojo. Además, en saque de balón del Atlético de Madrid, veremos a un Iturraspe extremadamente incrustado entre los centrales dificultando la recepción de balón de Radamel Falcao, objetivo del saque.



Arriba veremos el auténtico duelo del gol. El máximo goleador del Athletic contra el máximo goleador del Atlético. El nueve contra el nueve. “El Tigre” contra “El Rey León”. Radamel Falcao García contra Fernando Llorente Torres. Otro duelo exótico será el de las bandas izquierdas de ambos equipos. Juventud, desparpajo, visión de juego, rapidez, conducción de balón… El futuro de la selección en dos nombres: Iker Muniain y Adrián López. Aparte de su duelo personal, el duelo contra sus “pares” tendrá mucho morbo. Iker tendrá que encarar al lateral revelación improvisado (obra de Simeone), Juanfran, y Adrián a uno de los mejores laterales derechos de la liga, Iraola. El Atlético tiene mucha pegada, pero la firme defensa de Bielsa tratará de suavizarla. El Athletic, equipo de la liga con más goles de cabeza, tratará de tú a tú a un equipo mejorado a balón parado, con ideas para las estrategias y que ha sumado muchos goles de cabeza.





Ambos llegan con un número de partidos jugados parecidos, por lo que eso no da desventajas a ninguno. Eso sí, el equipo de Bielsa viene de rotar los jugadores en liga aprovechando que no se jugaban nada en los últimos partidos. Al contrario que el equipo de “El Cholo”, quien se juega la clasificación del año que viene en los torneos continentales y no ha podido rotar a su plantilla.

En los banquillos, dos amigos, dos compatriotas frente a frente. Dos mentes como ollas a presión que exprimen su cerebro y sus plantillas para que den lo mejor de sí. Bielsa les hablará de su final soñada y Simeone de lo que representa ese trofeo para esa afición que les lleva en volandas.



 Marcelo y Diego Pablo. Athletic de Bilbao y Atlético de Madrid. Los efectos les han llevado a una revolución que tiene como primer destino Bucarest. Que gane el mejor y que veamos una final que no olvidemos nunca.

Artículo escrito por Álvaro Francés.






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